Tú, yo nosotras expo

Tú, yo, nosotras. Sala Maruja Mallo. Centro Cultural Pérez de la Riva. Las Rozas. Madrid. 12 marzo – 18 abril 2022

 
Mujeres que importan
 
El punto de partida de un proyecto siempre es la búsqueda, un afán por encontrar aquello que anhelamos aun siendo desconocido. ¿Qué será? A veces la preocupación está muy cerca; caliente, caliente; vinculada a personas raíz como una madre. Otras, la inquietud se activa mediante referentes, del pasado o del ahora, trayectorias que dejaron legados por desenvolver. Rocío Bueno acomete ambas indagaciones adentrándose en lo más profundo de un mar rojo: de emociones, heridas, pasión, sangre. La atmósfera de color constituye un tempo visual y acentúa la conexión de los dos trabajos expuestos, intrínsecamente unidos, pero con un carácter propio y diferenciado, al igual que los fotolibros de los que parten.
 
La primera serie de fotografías en orden cronológico corresponde a Hilo, una reflexión sobre lo que significa ser madre e hija y sobre el vínculo que se entreteje y proyecta hacia sendos lugares. La artista comienza a investigar creativamente a su progenitora unos años después de su muerte, con el duelo todavía abierto (y sigue en Cocinando con mamá). Su desaparición repentina había dejado un vacío radical, interrogantes y conversaciones pendientes. ¿Quién era ella? ¿de qué estaba hecha? ¿cuánto le quedaba por decir? ¿qué secretos escondía? y sobre todo ¿cómo iba a continuar construyéndose sin su ayuda? Son cuestiones que se lanzaban cual proyectiles al espacio y volvían como un boomerang que apuntaba a su papel de madre. También su hija se encontrará algún día perdida en ese océano encarnado lleno de dolor, dudas y contradicciones. El viaje de ida y vuelta maternofilial está tratado con especial elegancia en el libro y trasladado con éxito a la exposición; permite al espectador construir narrativas cíclicas que se entrelazan para desembocar en incógnitas. Es el caso de la fotografía del banco donde madre e hija quedan alternativamente separadas y juntas a través de un juego de transparencias que activa sus miradas al pasar la página (o desplazar el ojo): las figuras conviven y se distancian, la niña seguirá observando a la madre; en la madre aflora la soledad.
 
Frente a la pérdida, Rocío Bueno busca respuestas en el álbum familiar; rescata imágenes de su madre y espera que le hablen, pero no le dicen nada. Había demasiado sufrimiento y rabia contenida, por ello, el acercamiento tenía que ser desde el grito de la niña interior. Así es como deja brotar el espíritu desobediente de su infancia y comienza a rasgar las fotografías, pintarlas, borrarlas, quemarlas… De pequeña, dice «solía desarmar mis juguetes para entender su funcionamiento». Mediante la deconstrucción persigue desvelar la esencia de su madre, pero ésta es resbaladiza: se pierde en la superficie de su rostro deformado por los rayos del sol, en un espejo sin reflejo, en la fragmentación atomizada y acuosa de su cuerpo o en el desvanecimiento de su imagen. Ojos cegados por un hilo que une y oprime, fortalece y desgasta.
 
El resultado es un universo emocional decapado donde se combinan fotografías de archivo intervenidas con otras actuales de paisajes simbólicos: la montaña-vientre, nubes densas o raíces que se extienden fuera de los dominios de la consciencia y generación tras generación. La artista se pregunta cuánto hay de propio en su idea ‒y deseo‒ de ser madre y cuántos roles son heredados. Y lo que es más importante, ¿seguirá repitiendo los mismos patrones con su descendencia? Su intención es evaluar y soltar sin miedo. Dejar que su hija pueda dibujarse sola y alentar su personalidad en construcción. Ser mujer es un rasgo identitario y un regalo, aunque Rocío no siempre lo ha percibido así. Su madre le contó siendo niña que lloró mares al conocer su sexo el día de su nacimiento, suponía una desgracia haber nacido mujer como ella, importar menos que su homólogo masculino.
 
Una mentalidad de mujer alternativa y otro tipo de legado aborda Renascence, el segundo trabajo de Rocío Bueno, un tributo a la vida y obra de la poeta Edna St. Vincent Millay (Rockland, 1892-Austerlitz, 1950). Concebido en primer lugar como libro, la publicación aúna dos artes, la poesía y la fotografía, tratadas al mismo nivel y puestas a dialogar a través de un lenguaje compartido: el del fragmento, la evocación y el secreto. La pasión del rojo vuelve a impregnarlo todo, como no podía ser de otra manera tratándose de una persona tan ardiente. St. Vincent Millay era feminista, bisexual, de espíritu libre y transgresor. Fue la mayor de tres hermanas e hija de una mujer independiente que tomó la decisión de divorciarse y hacerse cargo sola de ellas inculcándoles su amor por la cultura. Millay comenzó a escribir muy joven, a los quince ya publicaba en revistas juveniles y a los veinte, el poema Renascence fue finalista en el concurso de poesía The Lyric Year y destacado por el jurado como el mejor de la convocatoria. Sus poemas desenfadados, irreverentes, lúcidos y cargados de ironía traslucen su firme posición en defensa de la libertad de la mujer y en contra de su encierro en la esfera doméstica.
 
Rocío Bueno envía dos obras en verso a cada una de las ocho fotógrafas que participan en el libro para construir un retrato coral sustentado en la heterogeneidad de la mirada femenina. El relato se construye de forma orgánica, como si todas estuviesen conectadas con la creadora y se pasasen el testigo al cambiar de capítulo. La infancia, la relación con la madre, la creación artística, la vida libre y bohemia, el amor sin género, la pareja, el cuerpo, el dolor y la naturaleza son los temas articuladores de una narración abierta, inspirada en la figura de Edna, que reúne los autorretratos de las colaboradoras y un cuerpo de trabajo creado por Bueno a partir de distintos tipos de imágenes: fotografías de objetos simbólicos ligados a Millay, escenas y retratos que interpretan etapas de su vida, paisajes de estados emocionales y, por último, fotografías de archivo intervenidas pertenecientes a The Edna St. Vincent Millay Society. De nuevo, la serie es un viaje con retorno en el que se dan cita varios sujetos y recorridos temporales.
 
La protagonista es la poeta y su época, pero no solo: la fotógrafa se ha metido en su piel para sentir como sintió y descubrirse en ella como mujer creadora, libre y fuerte. La historia de Edna ha sido actualizada para brillar hoy y darnos alas a todas. En las obras no hay rostros directos en los que reconocernos, sino cortes, ausencias, insinuaciones, cabellos. Tú, yo, nosotras, podemos hallar nuestra potencia; quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser. Sin límites. La coreografía de imágenes íntimas que componen la exposición ‒pura poesía visual‒ invita a recorrer ficciones habitables al mismo tiempo que inspira un camino propio.
 
Volvemos al principio: ¿qué será lo que motiva la búsqueda de Rocío Bueno? Visibilizar y dar voz a las mujeres; mujeres que no pudieron expresarse y otras que sí, pero sin recibir el reconocimiento que merecían; mujeres madres y aquellas que han decidido no serlo; mujeres encargadas de mantener las redes de cuidados que sustentan la vida y cuyos cuerpos son objeto de más de violencia y discriminación. Mujeres que gritan, despiertan y emprenden la lucha. Mujeres artistas, combativas, vulnerables, valientes. Mujeres que importan.
 
Nerea Ubieto
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